WILMER SIGUENCIA
jueves, 5 de noviembre de 2015
Palabras que se escriben con G
Después de al, an y ar se escribe con Ge, Gi y no con je , ji.
Álgebra, algebraico, álgido, algidez, ángel, Ángela, Angélica, angelical, angelito, Ángel, Argelia, Argentina, argentar, evangelio, evangélico.
Aljibe.
Las palabras que contienen la combinación gen.
General, genial, generar.
Jengibre, ajenjo, berenjena, comején, y la tercera persona de plural de imperativo de los verbos cuyo infinitivo termina en jar: trabajen, viajen, dibujen, rebajen.
Las palabras que comienzan o terminan con el prefijo griego geo (tierra).
Geografía, geometría, geología, geodesia, geopolítica, apogeo, hipogeo, perigeo, geocéntrico, geoestacionario, geotectónico, geólogo.
Las palabras que comienzan por legi, legis, gest.
Legible, legión, legislar, legislatura, legítimo, legitimar, gesto, gestar, gesticular, gesta, gestión, gestación, gestor.
Lejía, lejos, lejanías, lejísimos.
Las formas verbales de los verbos cuyo infinitivo termina en ger, gir o gerar se escriben con G cuando llevan ge o gi.
Recoger, recoges, recogí, recogiste, recogimos, coger, acoger, escoger, encoger, proteger, emerger, dirigir, corregir, exigir, urgir, surgir, regir, rugir, erigir, refrigerar, exagerar, aligerar.
Tejer, crujir.
Las palabras terminadas en gio, gia, gía.
Contagio, privilegio, colegio, refugio, prodigio, subterfugio, presagio, adagio, prestigio, litigio, sortilegio, sufragio, sacrilegio, elogio, regio, nostalgia.
Apoplejía, bujía, crujía, herejía, lejía, tejía.
Las palabras terminadas en gión, gionario, gioso, ginoso y gismo.
Región, religión, legión, legionario, religioso, contagioso, prodigioso, prestigioso, elogioso, vertiginoso, oleaginoso, neologismo, silogismo.
Espejismo, salvajismo.
Las palabras terminadas en gésimo, gesimal, gésico, gético.
Vigésimo, trigésimo. Cuadragesimal, sexagesimal, analgésico, energético.
Las palabras derivadas del latín agere (hacer, actuar, conducir) y del griego agein (conducir).
Agenda, agente, agencia, agenciar, agencioso, ágil, agilidad, agilizar, ambages, exigente, intransigente, prodigio.
Las palabras derivadas del latín angelos (mensajero).
Ángel, angelical, arcángel, evangelio, evangélico, evangelizador.
Las palabras derivadas del griego ergon (trabajo, obra)
Energía, enérgico, energético, energizar, ergio, cirugía, quirúrgico, liturgia, litúrgico, metalurgia, metalúrgico, siderurgia.
Las palabras derivadas del latín fugere (huir, escapar).
Fugitivo, refugio, refugiado, refugiar (se).
Las palabras derivadas del latín frigidus (frío) y gelare (congelar).
Refrigerar, refrigerador, refrigeración, refrigerante, refrigerio, gelatina, gélido, gel, congelar, congelado.
Las palabras derivadas del latín genus (raza, especie) y del griego genos, genea (familia, linaje).
Generar, generación, género, genérico, general, generalizar, progenitor, gente, gentilicio, primogénito, genes, original.
Las palabras derivadas del latín gerere (llevar, actuar).
Gesto, gesticular, gesta, gestación, gerente, gerencia, gerencial, gestor gestar, gestión, ingestión, registrar, sugerir, gerundio, beligerante, sugestivo.
Las palabras derivadas del latín legere (leer, escoger) y lex (ley) y del griego logos (razón).
Legible, legendario, legión, legionario, diligente, negligente, inteligente, elegir, colegio, sacrilegio, sortilegio, legislar, legítimo, privilegio, lógica. Logia: analogía, antología, antropología, apología, astrología, etimología, filología, biología.
jueves, 10 de septiembre de 2015
MITOLOGIAS ECUATORIANAS
MITOLOGIAS ECUATORIANAS
LA MITOLOGÍA MESTIZA Y SUS CARACTERÍSTICAS
Los elementos integradores de la mitología mestiza se pueden agrupar en tres conjuntos:
Los seres imaginarios y los objetos maravillosos representan en su mayoría creencias vigentes, mientras que los personajes legendarios son objeto de rememoración por cuanto pertenecen al pasado. Entre estos últimos se incluyen los protagonistas de los carnavales rituales populares representan a personajes históricos o creencias ancestrales.
En la mitología mestiza existe la tendencia a ubicar a los seres imaginarios en la tierra, ya sea en la superficie o en las entrañas de los accidentes más relevantes del entorno (cerros, montañas, selvas), sin que existan seres que se sitúen en el cielo o en el agua. El énfasis por ubicar a estos seres en la tierra está relacionado con el temor del incesto, temor que parece obsesionar a los mestizos.
NECESIDAD E IMPORTANCIA DE LOS MITOS.
- Porque los mitos facilitan respuestas a las preguntas básicas de una comunidad acerca de su origen, existencia y destino.
- Porque los mitos permiten expresar y realzar las creencias, y salvaguardar los preceptos de orden moral; gracias a ello la tradición adquiere mayor valor y prestigio, en fin, se fortalece.
- Porque el Mito al permitir un acceso a lo eterno, posibilita una evasión del tiempo real o la temporalidad existencial del hombre que lo enfrenta con una realidad cruda y terrible: la muerte.
Gracias a los mitos los individuos aprehenden el sentido de los preceptos de orden moral y el modo de cumplirlos. Así por ejemplo, en la mitología de la comunidad mestiza, las leyendas de ultratumba (aparecidos) indican con claridad las consecuencias que pueden acarrear para un individuo la profanación de ciertos preceptos morales, debido a la adopción de conductas reñidas con un patrón de comportamientos socialmente establecido.
En conclusión, los mitos en uno u otro sentido, constituyen modelos para los comportamientos humanos, por tanto, confieren significación y valor a la existencia.
Algunos Mitos del Ecuador
TIN TIN
Personaje mítico propio de la zona montubia. El Tintín al parecer procede del dios Puná de la fecundidad llamado Tin, se lo describe en la actualidad como un enano, con una gran cabeza, los pies vueltos hacía atrás y el miembro viril sumamente desarrollado, al extremo de llevárselo arrastrando por el suelo. Usa sombrero que llega un poco más abajo de las orejas y produce un silbido ululante y lúgubre.El Tintín persigue y asecha a las mujeres casadas o no, preferentemente pelonas y cejonas para poseerlas carnalmente, luego de sumirlas en un trance hipnótico. Cuando se enamora de una mujer sale por las noches de los huecos donde vive, llevando una piedra imán en un mate, la cual coloca debajo de las escaleras para que todos los habitantes de la casa duerman. Luego aborda a las mujeres dormidas; se las lleva al monte y ahí las posee sexualmente, con la cabeza para abajo y las nalgas para arriba. Las mujeres que han sido víctimas del Tintín no recuerdan nada, solamente amanecen con moretones y cardenillos en el cuerpo.
El esposo que en alguna ocasión descubre al Tintín de forma in franganti con su esposa raptada y lo insulta, muere en el acto. Sólo las mujeres casadas pueden quedar embarazadas del Tintín, y cuando así sucede dan a luz por lo general niños de apariencia normal, pero sin esqueleto, por lo que pronto fallece. A estos niños se los entierra en los cementerios, se los abandona en los cardos y luego se los quema, o se los amarra a los palos más altos de las balandras para atraer la buena suerte en las labores de la pesca. Los hijos del Tintín que sobreviven, con el correr de los años se vuelven seductores natos de mujeres, a las que consiguen y embaucan con mil artimañas.
El mito del Tintín constituye una prueba evidente de la concepción de la masculinidad como una fuerza negativa o maligna frente a lo femenino asociado con lo benigno.
EL DUENDE.
El duende es uno de por personajes del que se tiene referencia en todo país, sin embargo lo describiremos según la versión de la provincia de Manabí: Este duende es travieso por excelencia, coqueto, mirón y enamoradizo.
Sea para tratar de llevarse a muchachas jóvenes de cabellos largos o grandes ojos para embarazarlas; sea para echar a perder los guisos arrojando sal o ceniza, o sea para esconder los objetos más queridos de señoras y señoritas, lo cierto es que este personaje condensa las más profundas inquietudes y temores, deseos y curiosidades de los hombres con respecto al mundo femenino, que es el universo favorito del duende para hacer gala de su ingenio ambiguo y peligroso.
Es un personaje chiquito con los tobillos torcidos atrás, se viste de rojo; otra descripción habla de una especie de animal pequeño y feo. Sea como fuere su apariencia cuando se enamora 'lo hace de verdad' y empieza a desplegar estrategias como molestar haciendo travesuras o impidiendo que el novio se acerque, es muy celoso.
Se dice de un secreto para protegerse del duende, que consiste en colocar una guitarra desafinada y un espejo en el cuarto de la mujer. La idea es que se enoje cuando quiera tocar la guitarra y se refleje en el espejo su rostro horrible, entonces se aleja avergonzado de su fealdad. Se dice también que existen 'duendas' que persiguen a los hombres solteros o casados, que son objeto de sus amores.
De su apariencia se sabe que son gorditas, chiquitas y de pies virados. Un rasgo importante de estos seres del imaginario popular, es que se no se trataría de duendes aislados, sino de toda una 'nación' dispersa en cuevas, huecos, barrancos, quebradas, que son sus sitios preferidos para vivir y recrear sus costumbres y formas de procreación similares a las delos humanos.
Sea para tratar de llevarse a muchachas jóvenes de cabellos largos o grandes ojos para embarazarlas; sea para echar a perder los guisos arrojando sal o ceniza, o sea para esconder los objetos más queridos de señoras y señoritas, lo cierto es que este personaje condensa las más profundas inquietudes y temores, deseos y curiosidades de los hombres con respecto al mundo femenino, que es el universo favorito del duende para hacer gala de su ingenio ambiguo y peligroso.
Es un personaje chiquito con los tobillos torcidos atrás, se viste de rojo; otra descripción habla de una especie de animal pequeño y feo. Sea como fuere su apariencia cuando se enamora 'lo hace de verdad' y empieza a desplegar estrategias como molestar haciendo travesuras o impidiendo que el novio se acerque, es muy celoso.
Se dice de un secreto para protegerse del duende, que consiste en colocar una guitarra desafinada y un espejo en el cuarto de la mujer. La idea es que se enoje cuando quiera tocar la guitarra y se refleje en el espejo su rostro horrible, entonces se aleja avergonzado de su fealdad. Se dice también que existen 'duendas' que persiguen a los hombres solteros o casados, que son objeto de sus amores.
De su apariencia se sabe que son gorditas, chiquitas y de pies virados. Un rasgo importante de estos seres del imaginario popular, es que se no se trataría de duendes aislados, sino de toda una 'nación' dispersa en cuevas, huecos, barrancos, quebradas, que son sus sitios preferidos para vivir y recrear sus costumbres y formas de procreación similares a las delos humanos.
CUMANDA
AFESE 50 179
J
uan León Mera nació en Ambato,
el 28 de junio de 1832, y murió en
esa misma ciudad, el 13 de diciembre
de 1894.
Su biografía no es el asunto
principal de mi estudio; por lo mismo,
no citaré fechas ni detalles particulares,
sino los indispensables para
estas breves páginas. Diré,desde luego,
que Juan León Mera llevó una
vida muy sencilla y fué un autodidacta
perfecto, pues no frecuentó
ninguna escuela ni tuvo ningún profesor,
fuera de su propia madre.
Vivió en el Ecuador que lo conoció
perfectamente: su geografía,
su historia, la fauna y la flora, las
diversas regiones y especialmente la
amazónica; conoció al hombre del
Ecuador, al blanco y al indio; al habitante
de la sierra y de la selva y se
interesó por sus costumbres, sus fiestas,
sus manifestaciones artísticas.
En este sentido, fue un precursor del
folclore ecuatoriano y algunas de sus
obras descubren al investigador infatigable
de las cosas de su tierra.
Por lo mismo, Juan León Mera
debe ser y es considerado como un
verdadero maestro. Por otra parte,
la variedad de su obra: historia, poesía,
novela, costumbrismo, ensayo,
crítica literaria, etc.., le consagran
como una de las figuras sobresalientes
no sólo del siglo XIX, sino
también de las letras y la cultura nacionales
de todos los tiempos. Críticos
no muy bien intencionados han
tratado de disminuir los méritos de
este ilustre ecuatoriano, por motivos
–según diré en otro momento- que
no son auténticamente literarios. Tal
vez, sus convicciones políticas y sus
profundos sentimientos cristianos
no han sido del agrado de algunos
“volterianos retrasados” o de ciertos
“marxistas intolerantes”, convicciones
que no se compaginan con ciertos
sectarismos que han dominado a
algunos representantes de cierta “intelligentsia”
revolucionaria,tal como
también ocurrió en Francia, por
ejemplo, luego de la última guerra;
sectarismos que fueron radicalmente
combatidos por escritores como
François Mauriac, o Louis Pauwels,
Juan León Mera y la novela Cumandá (inédito)
A. Darío Lara*
* Embajador de carrera del Servicio Exterior ecuatoriano. †
180
A. Darío Lara
para citar a dos eminentes figuras de
las letras francesas.
Por otra parte, Juan León Mera
cumplió altas funciones en servicio
de su ciudad, de su provincia, de su
patria en el Congreso y formó parte
de Sociedades Literarias. Fué uno de
los fundadores de la Academia Ecuatoriana
de la Lengua, en 1875, y Correspondiente
de la Real Academia
de la Lengua Española.
Las numerosas biografías de
Juan León Mera le han dado cierta
notoriedad, por lo menos en la Historia
de las Letras hispanoamericanas.
Lamentablemente su nombre
es casi ignorado -fuera del caso de
algunos especialistas- en la literatura
extranjera. Desde su primera biografía
por Pedro Fermín Cevallos,
escritor también ambateño, hasta
la más moderna de Darío Guevara,
han demostrado un gran interés por
esta figura literaria de excepcionales
cualidades. He aquí Juan León Mera
visto por Guevara en su libro Juan
León Mera o el Hombre de Cimas,
(1944):
“Una frente amplia se extendía
entre la cabellera negra
que pasó a ser blanca y unos
ojos que tenían el tinte de
las aguas tranquilas. Nariz
casi aguileña. Con la configuración
de la curvadura de
la vida. Boca regular como
destinada a hablar a medida,
orejas de pabellones desplegados
como antenas que recogieron
a las voces de todas
las latitudes. Para oir y contestar
o callar. La barba, su
acariciada barba, unas veces
formaba un corazón sostenido
por las patillas, entre la
ceja y el pecho; otras veces,
era un rasurado que dejaba
limpia la barbilla a lo Maximiliano
de Austria, y otras
era una una V que rodeaba
el contorno de la cara, como
la V de la Victoria de estos
tiempos. La fisionomía de
Juan León Mera, hombre de
luchas y esfuerzos inauditos,
de claro talento y rara sensibilidad,
era regularmente
porporcionada. La mirada,
escrudiñaba los horizontes
siempre nuevos o se perdía
en las lejanías de la meditación”.
Tal es, en síntesis, el hombre y
su vida. Antes de estudiar su novela
CUMANDA y de tratar de establecer
un breve paralelo con la obra de
Chatreaubriand, es indispensable recordar
los principales rasgos de las
letras del siglo XIX, de las tendencias
de la literatura europea, del romanticismo
francés, en especial, que
tanta influencia tuvo en el novelista
ambateño.
Vale la pena recordar que el Romanticismo
filosófico llegó a Francia
AFESE 50 181
Juan León Mera y la novela Cumandá
desde Alemania, a fines del siglo 18 y
que se caracterizó fundamentalmente
por : a) la espontaneidad que predomina
sobre la sistematización estricta
del intelectualismo anterior; b) el
deseo de penetrar en el fondo común
de las cosas, así de la materia como
del espíritu; y c) cierta tendencia a
reducir las fronteras entre el arte y
la ciencia. En lo literario, la misma
palabra romanticismo, emparentada
con románico, por sus orígenes lingüísticos,
este movimiento literario
se inspiró en las ideas y sentimientos
medioevales: la fe, el entusiasmo
místico, la fantasía y cierta actitud
caballeresca. Algunos críticos han
distinguido por lo menos dos tendencias:
a) un romanticismo que
podríamos calificar de arqueológico:
creyente y arcaico, aristocrático
y restaurador, que se desarrolló, en
especial, en toda Alemania; y b) un
romanticismo inspirado por el genio
francés, escéptico y liberal, democrá-
tico y revolucionario, como una de
las consecuencias de la Revolución
Francesa de 1789, que había roto
los moldes clásicos y la autoridad de
la Corte ya no se imponía más a los
autores. Por lo tanto, el siglo 19 vio
florecer una literatura más espontánea
y personalista; pero, también
indisciplinada e inestable, que desconocía
las autoridades literarias y se
alejaba de los cánones, de las reglas
de otras épocas.
Entre 1815 y 1850, se asiste al
desarrollo del Romanticismo y de
su producción brillante, ruidosa, en
la que prevalecen muchas veces la
sensibilidad mórbida, la imaginación
ebria, los sueños desmesurados...En
medio de este torbellino,
hay quienes buscan cómo orientarse
o definir sus ideas. Tales, el pensador
y polemista Joseph de Maistre
(1753-1821) y una mujer de atrevido
talento, pero cuya celebridad es
innegable, Madame de Staël (1766-
1817). De Maistre, filósofo y lírico,
cantó sus ideas y formó parte de
lo que llamaríamos el romanticismo
de tono arcáico y aristocrático.
Madame de Staël hizo del filósofo
genovés su ídolo y contribuyó
a propagar aquel espiritualismo y
sentimentalismo rousseaunianos,
colaborando en la renovación religiosa
que se desprende del Génie du
Christianisme.
Debe anotarse que, por primera
vez, la palabra romantique
es empleada corrientemente en sus
escritos y en su novela Corinne ou
l´Italie (1807). En esta novela refiere
la historia del amor de esta joven
poetisa italiana, coronada en
el Capitolio, que ama al joven lord
Oswald Nelvil, quien la abandona,
por lo que ella muere.Pero, sobre
todo, Madame de Staël dio a conocer
la Italia romántica y descubrió
a los Franceses aquella Alemania de
Goethe y de Schiller. De este modo,
aportó un tanto del genio latino de
Francia, dirigiéndola hacia el genio
germánico.
182
A. Darío Lara
Ya bajo el Primer Imperio un
gran autor, René de Chateaubriand
terminó la revolución literaria iniciada
por Jean-Jacques Rousseau y
pregonó las nuevas fórmulas de la
literatura que va a dominar ese siglo.
Es, sin duda, el representante de la
corriente nueva y como verdadero
reformador va a trastonar los moldes
literarios, e iniciar una manera
diferente de ver y sentir, de pensar y
escribir.
______________________
Algunos datos biográficos sobre
este autor son indispensables para la
mejor comprensión de su obra literaria
y de la influencia que ejerció en
las letras francesas y universales1
.
François-René Vicomte de Chateaubriand
(1768-1848) nació en el
castillo de Combourg (Saint-Malo)
de familia noble, aunque arruinada.
Sus primeros años los pasó errando
por las playas solitarias de la Breta-
ña; sus estudios lo hizo en Rennes,
donde se saturó con el contacto de
los clásicos y recibió una seria formación
cristiana. De regreso a la
soledad del castillo familiar, aquel
ambiente fué propicio a la exaltación
sin freno de una imaginación
desbordante y de una sensibilidad
extremada. A los 20 años estuvo
tentado de dar término a su vida, de
tal modo su juventud estuvo llena de
desilusiones. Felizmente, su padre le
consiguió un puesto en el ejército y
el noble joven vino a París, en donde
tuvo ocasión de relacionarse con
escritores, poetas y con los enciclopedistas.
A los 23 años, llevado por el
amor de las aventuras y el deseo de
ver al buen salvaje pintado por JeanJacques
Rousseau, se embarcó para
América. Allá permaneció cinco meses
y descubrió aquel paisaje hecho a
la medida de sus fantasías. Se llenó el
espíritu de la visión de la sabana inmensa
y almacenó en su imaginación
un sin fin de cuadros para su obra
futura. Conoció al hombre primitivo
y claro está, lo clasificó sin dificultad
entre los buenos. América será para
Chateaubriand la patria verdadera
de su imaginación creadora.
A su regreso a Francia, en el
Voyage en América (1801), cuya redacción
es anterior a Atala y René,
Chateaubriand pintó a la vida y costumbres
de aquellos indígenas que
pasaron a poblar sus libros y sus sue-
ños. En verdad, no recorrió más que
la región litoral que se extiende de
Baltimore al Niágara; pero su imaginación
le bastó para crear otros paisajes
nunca vistos, que asimiló a los
que en verdad había visitado.
Se afirma, a veces, que Chateaubriand
fué el iniciador del gusto
1 Para los datos acerca de Chateaubriand, he consultado especialmente: a) Histoire illustrée de la Littérature
Française, por los Profesores, Agregados de Letras: Émile Abry, Charles Audic, Paul Crouzet ; (Edit. Henri Diddier.- Paris,
1947). b) Obras completas de Chateaubriand, (Edt. Garnier.- Paris,1948).
AFESE 50 183
Juan León Mera y la novela Cumandá
por América en Francia. No es tan
exacto. Si bien su influencia es innegable
en la literatura universal e
hispanoamericana, se debe recordar
que desde mediados del siglo 16, los
Franceses solían presentar aborígenes
tupíes (tupinambás) del litoral
brasileño que bailaban ante el rey de
Francia. Montaigne escribió en 1588
su ensayo sobre los Cannibales. Conocemos
que desde el siglo 17, gracias
a relatos de numerosos viajeros
“relatos reales o imaginarios”, se
despertó en Francia especialmente
un interés por lo exótico, por el
exotismo, en cuanto se refería a las
tierras descubiertas por Cristóbal
Colón. Entre los primeros, Michel
de Montaigne se ocupó del tema y
dio pruebas de una “exaltada curiosidad”
en su defensa de los habitantes
de América. En sus “Ensayos”
escribió:”Nada hay de bárbaro ni de
salvaje en esas naciones; lo que ocurre
es que cada cual llama barbarie
a lo que es ajeno a sus costumbres”.
Después de Montaigne2
, muchos
autores franceses, hoy casí desconocidos
se interesaron por los motivos
americanos. Entre otros , mencionaré
a: Martin Le Roi de Gomberville
(1600-1674), de la Academia francesa,
autor de novelas como La joven
Alcidiana (París, 1651); Gauthier
de Costes de La Calprenède (1610-
1663), igualmente autor de algunas
novelas, entre otras La princesa Alcidiana
(París, 1661); y seguramente
el más celebre entre todos el erudito
Obispo de Avranches, amigo de Jean
de La Fontaine, miembro de la Academia
francesa, Pierre Daniel Huet
(1630-1721), autor de la novela El
falso Inca. Narraciones todas de estilo
netamente novelístico, a las que
siguieron o precedieron numerosas
relaciones de aventureros, piratas,
corsarios; el teatro preferido en que
generalmente se desarollaba las hazañas
de sus héroes era el mar de las
Antillas o las costas de ambos océanos.
A estas narraciones hoy casi
totalmente olvidadas siguieron estudios
cuyos autores especialmente comerciantes
de las cosas franceses que
navegaban por las orillas del océano
y numerosos misioneros, Jesuitas
particularmente. En sus páginas
encontramos bellas descripciones de
aquellos pueblos salvajes para unos,
para otros, -nuevamente la influencia
de Montaigne- pueblos en un estado
de inocencia y que contrastaban con
las costumbres decadentes de la Europa
de aquel siglo. Hay quienes han
visto en ese pensamiento una especie
de prerousseaunismo, un siglo antes
de El Emilio.
En los albores del Siglo de las
Luces, la preocupación por los te-
2 Los tres párrafos que siguen los he tomado de mi libro La Vitrina de un País sobre el Mundo; (Ediciones AbyaYala.-
Quito,1997). Acerca de esta primer tomo de la Biblioteca del Pensamiento Internacional del Ecuador, ver su discurso
de presentación: http://www.afese.com/img/revistas/revista33/presentacionbiblioteca.pdf
184
A. Darío Lara
mas de América era naturalmente
la ocupación de algunos especialistas,
representantes de las letras, de
la cultura. Los autores que en su labor
literaria se ocuparon de América
son bien conocidos y cuentan entre
los más notables de las letras francesas.
Mencionaré aquí a : Alain-René
Lesage (1668-1747); su obra tiene
un sabor netamente español; Pierre
Carlet de Chamblain de Marivaux
(1688-1763), notable dramaturgo;
Antoine-François Prévost (1697-
1763), su vida fue una auténtica
novela; Jean-François de Marmontel
(1723-1799), discípulo de Voltaire,
miembro de la Academia francesa y
cuya obra Les Incas (1777), conoció
un gran éxito; Bernardin de SaintPierre
(1737-1814), que anunció ya
el romanticismo de Chateaubriand
y tuvo algunos seguidores en las letras
españolas. No se puede olvidar
a Madame Françoise d´Issembourg
de Graffigny (1695-1758); su salón
literario fue uno de los más célebres
del siglo y su obra Lettres d´une Pé-
ruvienne (1747), fue un best-seller
de la época sobre el tema americano
y el exotismo del siglo. Como lo
anota el peruano Estuardo Núñez,
en su obra Alejandro Humboldt en
el Perú: “Lo esencial, escribe, no era
la fidelidad histórica, sino el halago
del gusto público (francés y europeo)
mediante el uso de un decorado exó-
tico. Tampoco interesaba el asunto
en sí, pues poco importaba que se
repitiera el mismo tema, siempre y
cuando el ambiente sufriera variación
dentro del exótismo”3
. Tal era
el ambiente de las clases cultas: la
atracción del exótismo, que en verdad,
se eclipsó a fines del siglo 18.
Conocemos que el mismo Chateaubriand
fue a buscar este exotismo
en las fronteras del Canadá
aquella emoción de la naturaleza virgen
y el sentimiento desbordante que
preconizaba Rousseau. De regreso a
Francia, se encontró con los disturbios
de la gran Revolución contra
la cual hizo campaña con los emigrados.
Herido, viajó a Inglaterra
y en Londres escribió Los Natchez
(1826), obra en que trató de exponer
parcialmente una idea que habría
encantado a Rousseau: fue el intento
de escribir una epopeya del hombre
de la naturaleza. En la primera parte,
con un estilo épico, refiere la vida
del indio Chactas en medio de su tribu
y luego en Francia. En la segunda
parte, escrita con sencillez, refiere
la vida de René, un francés, en las
tierras de las Indias. A este conjunto
pertenecían primitivamente Atala y
René; pero, el autor ( recobrada la
fé de sus primeros años) transformó
aquellos dos trozos para integrarlos
en su una de sus obras maestra
Le Génie du Christianisme (1802),
la apología de la religión cristiana.
Atala es una novela escrita en prosa
rítmica y refiere los amores de Chactas
y Atala, en las selvas solitarias y
bajo un cielo tempestuoso; trata de
3 Alejandro Humboldt en el Perú; (Lima,1967):
AFESE 50 185
Juan León Mera y la novela Cumandá
demostrar la armonía de la religión
con la naturaleza y con las pasiones
del corazón humano; mientras René
pertenece al cápitulo de Du Vague
des Passions. De esta obra se desprende
la honda melancolía del hé-
roe, que para Chateaubriand no es
sino el deseo infinito oculto en cada
alma cristiana. René es el hombre
que no se contenta con nada, indudable
autorretrato de su autor, que
busca sin cesar un sueño fugitivo.
No es difícil comprender así el
enorme influjo de Chateaubriand en
los autores románticos o, por mejor
decir, en la nueva corriente que irá
desarrollándose a lo largo del siglo
19. Desde luego, el romanticismo
hispanoamericano no necesitó del
europeo para existir al menos como
actitud; pero, debemos tener en
cuenta que los escritores Franceses
tuvieron una influencia indiscutible,
luego de la emancipación política, en
todo nuestro movimiento literario y
cultural. Además de nuevos motivos
expresivos, dieron un vocabulario,
una orientación hacia otro modo de
pensar, de escribir, de vivir. El estallido
romántico brindó a los escritores
de nuestro continente una primera
ocasión de independencia literaria
frente a la tradición hispánica. Y el
hombre, entre todos, el que más influyó
en este estallido fué sin duda
Chateaubriand, como escribió Théophile
Gautier: puede ser considerado
como el abuelo o, si le gusta más,
como el sachem del romanticismo
francés. Esta opinión es más valiosa
que varias otras que han querido minimizar
la importancia y la influencia
de uno de los mayores escritores
franceses de todos los tiempos, por
motivos que no son precisamente
literarios. La publicación recientemente
de un libro de un académico
francés Mon dernier rêve sera pour
vous, de Jean d´Ormesson4
, viene a
confirmar que Chateaubriand es, tal
vez, el más grande escritor francés
de todos los tiempos y que su obra
Memorias de ultra-tumba, una obra
maestra. Criterio muy semejante es
el de André Malraux.
Pero , dejemos este capítulo con
tintes muy afrancesados...y vengamos
a nuestra América. Desde el descubrimiento de
América el aborigen americano (o el
indígena, el indio ) ha estado presente
siempre en la expresión literaria,
desde el siglo XV. Basta recordar
la extraordinaria producción de los
Cronistas de Indias y de toda aquella
literatura calificada como jurídica,
conventual y misional de los siglos
de la colonización. En el siglo XIX,
con la americanización de nuestra
literatura, gracias especialmente a
4 Mon dernier rêve sera pour Vous – Une biographie sentimentale de Chateaubriand; Editions Jean-Claude
Lattès.- Paris, 1982).
186
A. Darío Lara
la obra extraordinaria del venezolano
Andrés Bello, aparecen todas
aquellas tendencias conocidas con
los nombres de criollismo, indigenismo,
etc., que en el Ecuador –como
en otros países andinos- presenta al
indígena de la Sierra, al obrero, al
montuvio de la Costa, al mestizo de
las llanuras costeñas, al empleado de
la clase media de los pueblos y ciudades.
Por lo mismo, nada extraño
que el tema del humilde indígena de
América haya conocido durante el
período romántico una exaltación,
un entusiasmo sin iguales, gracias a
cierto sentido de humanización y por
lo exótico de sus costumbres. Dentro
del contexto americano, ningún autor
podía expresar mejor el medio,
como el hombre de la misma tierra.
La independencia del siglo XIX, que
se alzó como símbolo de la rebelión
del hombre americano fue un tema
de relatos, de la novela americana,
así como de la poesía y de los dramas
del romanticismo.
En aquella época, el proletario
de América fué el Indígena que no
escapó a la servidumbre ni cuando
llegaron los esclavos negros para
reemplazarle. Si el indígena era humanamente
atractivo, literariamente
resultó tan exótico a la escuela romántica
como un bosque virgen del
Amazonas. En esta época, el personaje
indígena tiene el estatismo
de la literatura a lo Chateaubriand
cuya influencia la veremos después
en Juan León Mera. Se contempla
al indígena casi con devoción rousseauniana,
a la manera de una tormenta
o de un torrente, de un apacible
lago o de un paisaje sombrío.
Los precedentes de esta novela
indigenista están en los historiadores
y Cronistas de Indias, sobre todo,
en el mestizo el Inca Garciaso de
la Vega, cuyos Comentarios Reales
son, para algunos críticos, una novelesca
lección de indigenismo. En
1871, cuando aún se comentaban
María de Isaacs, Clemencia de Altamirano
o Amalia de Mármol, aparece
la novela ecuatoriana: Cumandá
o un drama entre salvajes, que el
ecuatoriano Juan León Mera publica
a los trenta y nueve años de su edad.
______________________
Breve resumen de la novela CUMANDA
La novela Cumandá es una
narración de los amores de una indígena
muy hermosa de las selvas
amazónicas, al parecer última hija
queridísima de la familia Tongana,
con Carlos de Orozco, joven blanco,
de excelente corazón que tenía “una
ardiente pasión por las musas”. Carlos
es hijo de cierto Padre Domingo,
religioso dominicano entonces, antes
el muy rico encomendero Don José
Domingo de Orozco, esposo de la
AFESE 50 187
Juan León Mera y la novela Cumandá
bella y virtuosa Doña Carmen, padres
de cinco niños “bellos como
unos amores”; su primogénito es
Carlos y “la última, Julia, una niña
superior en belleza a todos sus hermanos”.
Estalla una insurrección de
los indígenas de su Encomienda, con
la colaboración de Tubón, uno de los
criados de la familia, que odia a su
amo; queman la casa de la hacienda
de Don José Domingo; toda la
familia perece, su mujer y sus hijos
quemados vivos. Su hijo Carlos se
salva del incendio porque sigue sus
estudios en la ciudad y está ausente.
Don José Domingo, arrepentido
de su despotismo y conducta nada
cristiana con su servidumbre, ingresa
en la Orden de los Dominicanos,
se hace misionero y su hijo Carlos le
acompaña en las selvas, en el pueblo
de Andoas. Viven juntos al servicio
de los salvajes de quienes son muy
queridos.
En las selvas, Carlos encuentra
a Cumandá y surge un idilio purí-
simo entre los dos jóvenes que se
ven casi todos los días, a orillas del
río Palora. Los padres de Cumandá
que odian a los blancos, conocen
el amor que se ha establecido entre
los dos jóvenes y todo va a cambiar
para ellos. En adelante no pueden
verse sino escondiéndose. Durante
una fiesta indígena en el lago Chimano,
en que se encuentra Carlos,
Cumandá salva en dos ocasiones la
vida de su amante, perseguido por
Tongana y uno de sus hermanos.
Para castigarla, le conducen ante
Yahuarmaqui, el Jefe de la tribu y
la ofrecen por mujer. Naturalmente,
Cumandá, no acepta este matrimonio
y, en la noche siguiente, después
de haber salvado por tercera vez a
Carlos, huye con él para escapar a
los furores de su tribu que se dispone
a sacrificarla. Huyen por las
selvas; pero, la tribu de Cumandá
husmea el rastro de la fugitiva y logran
alcanzarla. Ante el peligro de
que maten a Carlos, Cumandá se
ofrece en holocausto a la furia de
los suyos. Carlos es salvado por sus
amigos los indios de Andoas y Cumandá
llevada por la familia ante el
“jefe de los jefes” de quien debe ser
su esposa. Llega el día de los esponsales;
la fiesta es general en toda la
tribu. Por la noche, bajo los ojos de
Cumandá, muere el jefe; ella con la
ayuda de su madre huye otra vez,
para escapar a su propio sacrificio,
según requería la costumbre de la
tribu. Su madre la despide y después
de darle un beso le entrega un
misterioso amuleto que Cumandá
lo suspende al cuello. Huye por las
selvas y camina sola horas y horas,
no piensa sino encontrar a Carlos;
sufre del calor, de la fatiga, la tempestad
y el miedo de los bichos que
la rodean. Al fin, llega a Andoas,
inanimada; le recoge el Padre Domingo
y recibe los auxilios de sus
amigos. Pero,los crueles jíbaros han
capturado a Carlos y vienen al pueblo;
proponen al Padre Domingo
cangearle con Cumandá. No acepta
188
A. Darío Lara
este cambio; Cumandá, para salvar
otra vez a su amante, se entrega al
jefe de los jíbaros, para que le sacrifiquen,
pues debe perecer ya que
según la costumbre de la tribu, el
cacique debe ser enterrado con su
favorita. Carlos y el Padre Domingo
llegan tarde para salvarla; pero, han
tenido tiempo, gracias al amuleto
que Cumandá ostenta en su cuello,
para reconocer en la joven india, a
su hija Julia, salvada del incendio
por su nodriza y llevada al interior
de las selvas.
1º Análisis de la obra
“Cumandá”, la novela de Juan
León Mera, es una de las obras de
“un autodidacta que, además de novelista
era periodista, crítico literario
y poeta, que ocupó cargos políticos
como diputado y gobernador de su
provincia”. No es una obra juvenil,
sino el fruto sazonado de quien ya
había sobresalido en los campos de
la poesía y la crítica, en particular.
La inspiración esencial de esta novela
debe buscarse, sobre todo, en
Atala de Chateaubriand, tanto en
las descripciones del paisaje como en
los personajes principales: el Padre
Domingo, Carlos y naturalmente
Cumandá.
Al comenzar un breve aná-
lisis de esta novela, de sus
descripciones,ideas y personajes estará
bien citar estas líneas de Benjamín
Carrión sobre la novela de Juan
León Mera:
“Estamos asistiendo al nacer
de la novela de América. El sentido
del relato se ha despertado en forma
extraordinaria en todos nuestros
países... La novela americana es la
novela con paisaje americano, aceptando
ciertas concesiones y transposiciones,
escrita por americanos,
pero llena de contenido mestizo, con
estructura y espíritu mestizo...”
Juan León Mera, como auténtico
hijo de su país, de su tierra y de
un ambiente de marcado carácter
autóctono, revela en toda su obra
una clara predilección por los temas
nativos. Cumandá es el tipo mismo
de la novela de su tierra, el anuncio
de la novela indigenista que vendrá
pocos años más tarde, pues palpita
ya en su novela la protesta social
indígena y su venganza contra su
opresor. Sin desconocer que al pesimismo
del siglo XIX, la amargura
ante una sociedad decepcionada y
materialista se une en Cumandá un
romanticismo naturalista del tipo de
Rousseau, Bernardin de Saint-Pierre
y, en especial, de Chateaubriand,
como mencionó, entre otros, el crí-
tico español, Juan Valera que alabó
esta obra, con gran entusiasmo y la
juzgó como superior a la del mismo
Chateaubriand. “Casi estoy por afirmar,
escribe, que Cumandá es la novela
hispanoamericana que más me
ha interesado hasta ahora”. Y otro
escritor tan notable como Pedro Antonio
de Alarcón juzgó esta novela
como más brillante que la de James
AFESE 50 189
Juan León Mera y la novela Cumandá
Fenimore Cooper (1789-1851), autor
de el Último de los Mochicas
(1826). Se ha escrito también que
Cumandá es “la novela poéticamente
más importante del grupo indigenista”.
Es verdad que si el sentimentalismo
muy exagerado, la ingenuidad
pueril, que hacen pensar en Paul et
Virginie de Bernardin de Saint-Pierre,
son rasgos algo contestables de
la novela, la fuerza descriptiva de
León Mera se eleva sobre todo reproche.
Bosques, ríos, cascadas, noches
inmensas de la selva...suscitan
personajes que sobrepasan al de Cumandá
y son bellamente presentados
por el autor de Melodías Indígenas,
de la Virgen del Sol. El indígena y el
paisaje imponen su marca profundamente
y es innegable la influencia
de Atala, René y Les Natches , como
veremos luego.
2º La Naturaleza
Está en todas las páginas de la
novela de León Mera. No se puede
leer ninguna sin que se deje de contemplar
la naturaleza ecuatoriana
en todo su esplendor y sus riquezas
inagotables. Las bellezas del paisaje
de la Louisiane tienen mucha semejanza
con las de las selvas que se describen
en Cumandá. Este exotismo
que caracteriza tales descripciones o
la literatura exótica no ha inventado
Chateaubriand. Desde el siglo XVIII,
los relatos de James Cook, de LouisAntoine
de Bougainville revelaban a
la sociedad europea las costumbres
cándidas de las poblaciones salvajes.
Bernardin de Saint-Pierre (1737-
1814) en Paul et Virginie o en Etudes
de la nature pintaba ya la selva
virgen y los paisajes de los trópicos.
Varios escritores imaginaban historias
americanas semejantes a las de
Atala. Chateaubriand, en realidad,
no ha visto todas las regiones que
evoca, sobre todo, en su Viaje por
América (1791), como también en
Atala (1801) o Les Natches (1826);
no ha recorrido como quiere dar a
creer, la región de Tenase ni las orillas
del Messachebé; utiliza para sus
descripciones libros o relatos que ha
leído. Desde luego, hay que reconocer
que se sirve de los mismos con un
arte asombroso.
Los primeros capítulos de Cumandá
en que León Mera describe
con maravillosa exactitud el país en
que coloca a sus personajes, aquellos
de la Selvas del Oriente se los puede
comparar con el Prólogo de Atala y
es imposible no apreciar la semejanza
entre las descripciones, por ejemplo
del río Chambo y de sus orillas
con la tan conocida descripción del
Messachebé o con la del río Pastaza.
Leamos estas líneas:
“ El Pastaza, uno de los reyes del
sistema fluvial, de los desiertos orientales...tiene
las orillas más groseramente
bellas que se puede imaginar...
En la parte en que nos ocupamos,
agria y salvaje por extremo, pare-
190
A. Darío Lara
ce que los Andes, en violenta lucha
contra las ondas, se ha rendido sólo
a más poder y las han dejado abrirse
paso por sus más recónditos senos. A
derecha e izquierda, la secular vegetación
ha llegado a cubrir los estrechos
planos, las caprichosas gradas, los
bordes de los barrancos...”
En Chateaubriand encontramos,
casi las mismas palabras: « Les
deux rives du Messachebé présentent
le tableau le plus extraordinaire.
Sur le bord occidental, des savanes
se déroulent à perte de vue ; leurs
flots de verdure, en s’éloignant, semblent
monter dans l’azur du ciel où
ils s’évanouissent…Suspendus sur
les cours d’eaux, groupés sur les
rochers et sur montagnes, dispersés
dans les vallées, des arbres de toutes
les formes, de toutes les couleurs, de
tous les parfums, se mêlent, croissent
ensemble, montent dans les airs… ».
Y podríamos citar en Cumanda
una multitud de párrafos tan semejantes
a las descripciones de Chateaubriand
como éste. León Mera,
en sus descripciones, además de una
multitud de precisiones sobre el país
que describe, quiere hacernos sentir
plenamente, con todos los sentidos
las bellezas de su país, y lo hace con
su estilo maravilloso lleno de aquellos
perfumes, colores y ritmos que
buscaba el mismo Chateaubriand.
El arte se revela en la composición
de los párrafos; algunos son
verdaderas estrofas poéticas con el
rasgo que las precisa o las corona;
o en la riqueza del estilo adornado,
en la armonía de la frase bien
equilibrada, con recaídas majestuosas.
Imágenes, ritmos, sonoridades
musicales, vocabulario cargado de
sensaciones, de colores, perfumes.
En una palabra, de una poesía que
inspira visiones plásticas y encantamientos
deliciosos. La naturaleza
ecuatoriana vista en su esplendidez
inspira páginas de gran valor, llenas
de poesía, como las que se refieren al
pueblecito de Baños o a la Catarata
del Agoyán.
La huída de Chactas y Atala
permite a Chateaubriand descripciones
también deleitosas: « Ce lieu
était un terrain marécageux. Nous
avancions avec peine sous une voûte
de smilax, parmi des ceps de vigne,
des indigos, des faséoles, des lianes
rampantes, qui entravaient nos pieds
comme des filets…Des insectes sans
nombre, d´énormes chauves souris
nous aveuglaient, les serpents à sonnettes
bruissaient de toutes parts… »
Así mismo, la huida por la selva
de Cumandá ofrece cuadros unos
más variados que otros. La naturaleza
le es tan bella como esquiva y
agresiva. Se abre paso entre lianas
para encontrar la enorme serpiente
que le asusta; las aguas cristalinas
de un estanque que se rodea de un
marco de flores bellísimas, no le sirven
para apagar la sed porque son
AFESE 50 191
Juan León Mera y la novela Cumandá
amargas y fétidas; y la uva camairona,
tan apetitosa, tampoco la puede
alcanzar porque el tigre acecha ante
ella a sus víctimas.
¡Cuántos desengaños en menos
de medio día! Serpientes entre las
flores, amargura insoportable en los
cristales de una fuente, fieras al pie
de los árboles que derraman sabrosos
y nutritivos frutos! La naturaleza
presenta imágenes de la Sociedad
hasta en los desiertos... “En vano
busca algunas gotas de agua en los
cálices de ciertas flores que suelen
conservar largas horas el rocío, el
sol es abrasador y los pétalos más
frescos van marchitándose como los
sedientos labios de la joven; en vano
prueba repetidas veces las aguas del
Palora; este río no es querido de las
aves a causa de lo sulfúreo y acre de
sus linfas, y los indios creen que el
beberla emponzoña y mata”.
3º Exotismo
Chateaubriand, en Atala, Juan
León Mera en Cumandá se complacen
en multiplicar los detalles exóticos,
tanto en los nombres extraños de
los bichos o de las flores, de los árboles,
como en ciertas maneras particulares
de hablar de algunos salvajes.
Chateaubriand busca la decoración
nueva, raros nombres de plantas o
vastos frescos pintorescos cuyo exotismo
tuvo tanto éxito en su época:
“Les vignes sauvages, les bignonias,
les coloquintes, s´entrelacent
au pied des arbres, escaladent leurs
rameaux, grimpent à l´extrémité
des branches, s´élancent de l´érable
au tulipier, du tulipier à l´alcée, en
formant mille grottes, mille voûtes,
mille portiques. Souvent égarées
d´arbre en arbre, ces lianes traversent
des bras de rivière sur lesquels elles
jettent des ponts de fleurs…. Une
multitude d´animaux placés dans ces
retraites par la main du Créateur y
répandent l´enchantement et la vie.
De l´extrémité des avenues on aperçoit
des ours, enivrés de raisins…,
des cariboux se baignent dans un
lac ; des écureuils noirs se jouent
dans l´épaisseur des feuillages, des
oiseaux moqueurs, des colombes
de Virginie… ; des perroquets verts
à têtes jaunes, des piverts empourprés…
»
Así mismo, León Mera usa vocablos
quechuas. Revela en toda su
obra su amor por su país, su espa-
ñolismo no choca con ese bilingüismo,
puesto que es propio de la zona
en que vive (Ambato-Quito); nadie
se extraña del empleo familiar de
palabras, de voces quechuas en la
conversación cotidiana. Y sin cesar,
encontramos estas palabras en Cumandá,
además de las propiamentes
españolas para describir bichos, flores,
árboles, plantas. “En las orillas
abundan hermosísimas plantas, palmas
de cuyo fruto gustan los saínos
y otros animales bravíos, y el laurel
que produce la excelente cera, y el
fragante canelo...Al entregar el exi-
192
A. Darío Lara
guo tributo, parece avergonzarse...y
esto sólo porque tropieza ligeramente
en las raíces de un añoso matapalo,
que ensortijadas como una sierpe
sobre la fuentecilla, se tienden hacia
el río...Me gusta más que la miel
de las flores al quinde...El corazón
fuerte y firme como el simbillo...Y
ancianos y madres depositaban al
pie del arca, en graciosos cestillos
de mimbre o en canastillas de hojas
de palma, naranjas y dulces, badeas
dulces, granadillas de Quijos, aromáticas
uvas camaironas y otras delicadas
frutas...”
4º Los Indios
Lenguaje, costumbres, fiestas,
superticiones, todo se encuentra en
la novela de León Mera mejor que
en Atala. Chateaubriand busca también
el exotismo al hablar de los
indios dando los nombres de sus
dioses Areskoni et les Manitous ne
nous furent pas favorables, o como
León Mera, ejemplos de vocables
indígenas, que sea el sagamite: elles
m´apportent de la crème de noix,
du sucre d´érable, de la sagamite,
des jambons d´ours, des peaux
de castors, o sean los árboles de la
fuente que se llaman liquidambars
ou copalmes, o el tamarin; instrumentos
de música o armas como el
chichikerné, o el tomakawk y tantos
otros términos todavía para designar
plantas o pájaros.
Chateaubriand como León
Mera, aman las fiestas,las supersticiones
indígenas, las costumbres
de aquellas poblaciones salvajes. Si
Chateaubriand sabe describir “el
consejo de los Sacheras” con mucha
poesía, hablando de los “sacrificios
de petun”, de “la consultación de
los Manitous”; si presenta dos tribus
indígenas, los Muscogulges que persiguen
a Chactas, sus fiestas, juegos,
si le gusta hacer hablar a los indí-
genas con palabras sencillas y poé-
ticas este couleur locale indígena es
relativamente discreto, y le interesa
más, además de la naturaleza, que he
mencionado ya, los personajes mismos;
Chactas, Atala, sobre todo.
Cumandá pertenece a la literatura
indigenista, es decir, no es
solamente una novela de tipo costumbrista
y regional, sino también,
a veces, de tipo social, en que palpita
la protesta social indígena, su venganza
(queman la casa del hacienda
de Don José Domingo Orozco y la
familia perece). Hay, en Cumandá ,
un odio terrible de ciertos indígenas
al padre de Cumandá, a los blancos.
5º Los personajes
Si Chactas y Carlos no se asemejan
mucho, sino en su manera tan
pura de amar, más pura en Carlos
que en Chactas, que no siempre entiende
el carácter de Atala: “les perpétuelles
contradictions de l´amour
et de la religion d´Atala, l´abandon
de sa tendresse et la chasteté de ses
moeurs, la fierté de son caractère et
sa profonde sensibilité; l´élévation de
AFESE 50 193
Juan León Mera y la novela Cumandá
son âme dans les grandes choses, sa
susceptibilité dans les petites, tout
en faisant pour moi un être incompréhensible…
».
Los personajes de Chateaubriand,
a pesar de amarse de una
manera purísima, del mismo amor
que une a Carlos y Cumandá, parecen
más humanos, más apasionados
que los personajes casi sobrenaturales,
y etéreos de León Mera. Cumandá,
para Valera, sobre todo, no es
real.”Difícil es de creer, por lo tanto,
escribe, que Cumandá, viviendo
entre salvajes, feroces, viciosos, groserísimos,
moral y materialmente sucios,
y expuestos a las inclemencias
de las estaciones, conserve su pureza
virginal, y sea un primor de bonita,
sin tocador, ni higiene y sin artes cosmétiscas
e indumentarias...Pero Cumandá
no tiene santo, ni santa, dios
ni diosa, que tan bella y pura la haga
y la conserve, es menester confesar
que resulta dificultuoso de creer que
lo sea”.
Si Atala parece un poco más
real y debe rezar para no ceder a la
tentación, hay una semejanza extraordinaria
entre Atala y Cumandá.
Físicamente, parecen hermanas : »
Atala était régulièrement belle, l´on
remarquait sur son visage je ne sais
quoi de vertueux et de passionné,
dont l´attrait était irrésistible. Elle
joignait à cela des grâces plus tendres,
une extrême sensibilité, unie à
une mélancolie profonde, respirait
dans ses regards ; son sourire était
céleste…La fille du palmier vint me
trouver au milieu de la nuit…La nuit
était merveilleuse. Le génie des airs
secouait sa chevelure bleue embaumée
de la senteur des pins, et l´on respirait
la faible odeur d´ambre… Ses
yeux levés vers l´astre de la nuit, ses
joues brillantes des pleurs de la religion
et de l´amour, étaient d´une
beauté immortelle… »
Cumandá, que León Mera describe
más detalladamente, tiene:
“una belleza superior a cuantas bellezas
habían producido las tribus
del Oriente. Predominaba en su limpia
tez la pálida blancura del marfil...
Sus ojos de color de nube obscura,
poseían une expresión indescifrable,
conjunto de dulzura y arrogancia, timidez
y fuego, amor y desdén”.
En Atala, como en Cumandá
todo es sencillez y vivacidad, candor
y vehemencia, dulzura de amor
apasionado y actitud de orgullo;
era toda alma y toda corazón, alma
noble, pero inculta; corazón de
origen cristiano en pecho salvaje,
y desarrollado al aire libre y en la
soledad. Una voz dulce y armoniosa
como la de un ave enamorada.
Las dos son indígenas (o casi) y tienen
esta alma salvaje y apasionada,
hablan con las mismas palabras de
su amor, dicen las mismas cosas,
salvan una como otra de la muerte
a sus amantes, casi en las mismas
ocasiones.
194
A. Darío Lara
Y tal semejanza da lugar en
las dos obras a escenas casi iguales.
Como Carlos y Cumandá huyen por
las selvas después de la fiesta del
Lago Chimano, perseguidos más tarde
por los indígenas, también Atala
y Chactas huyen. Y son las mismas
palabras de amor, las mismas lágrimas,
las mismas aventuras, prisiones
y sacrificios de los jóvenes. Encontramos
en Atala El Padre misionero,
en Cumandá El Padre Domingo, dos
misioneros semejantes que viven en
medio de los salvajes, les quieren y
viven para ellos, teniendo el oficio de
sacerdote y médico de los cuerpos y
de las almas. Presentados con tanto
realce, parece que el lector se halla
viviendo en aquellas incultas regiones.
El curaca Yahuarmaqui, que
significa el de las manos sangrientas,
es como un retrato fotográfico: él y
los adornos de su persona, su tienda
donde lucen las cabezas de sus enemigos,
muertos por su mano, cabeza
reducidas por arte ingenioso de disección,
al tamaño cada una de una
naranjita.
Si Chateaubriand no obedece
más que al cuidado de dar exotismo
a su obra y ese couleur locale tan
querido, León Mera se diría busca
algo más: intenta ofrecer en Cumandá
una historia de los indígenas, presentar,
al mismo tiempo, una obra
geográfica, sentimental, poética, histórica,
y a veces, como hemos dicho,
con intenciones sociales.El segundo
capítulo de Cumandá, Las tribus jí-
baras y záparas es una historia completa
de estas dos tribus, un estudio
muy detallado de sus costumbres,
fiestas, y caracteres: “Su carácter y
costumbres son diversísimos como
sus idiomas, incultos pero generalmente
expresivos y enérgicos”. Y
León Mera compara a los záparos
con los jíbaros, habla de su adoración
por la libertad, de sus costumbres,
por una de la cual será víctima
la misma Cumandá; cuando muere
el jefe se sacrifica a la más querida de
sus esposas para que le acompañe en
el país de las almas.
En Chateaubriand, el amor de la
libertad se halla en grado muy fuerte
en el alma de Chactas, que quiere
dejar a López y dice: “Je meurs si je
ne reprends la vie de l´indien”. Pero,
no es en Atala donde podemos citar
ejemplos parecidos a las descripciones
de León Mera, sino en su Viaje
por América, en que Chateaubriand
ha dedicado unas cuantas páginas a
los indígenas, a sus costumbres, con
precisiones inagotables. Hay muchos
capítulos en los titulados “Mariages,
enfants, funérailles, moissons, fêtes,
danses et jeux; année, division et
règlement du temps, calendrier naturel,
médecine ; langues indiennes ;
chasse, guerre, religion, gouvernement
».Y lo sabemos todo. Nada
queda obscuro; las descripciones
que encontramos en los capítulos de
Cumandá, todas se encuentran aquí,
maravillosamente descritas, siempre
muy interesantes.
AFESE 50 195
Juan León Mera y la novela Cumandá
León Mera habla también de
la guerra entre los indígenas y de la
caza. “Unos y otros son muy diestros
en el manejo del arco, la lanza
y la maza”.Chateaubriand escribe:
“Les sauvages sont aussi habiles
à la pêche qu´adroits à la chasse”.
Podríamos dar así numerosos ejemplos
que muestran las semejanzas
entre sus descripciones y el amor que
Chateaubriand y León Mera sienten
para aquellas lejanas poblaciones
salvajes, ya estén en la Louisiane o
ya en el Ecuador.
Si bien es cierto que la naturaleza
y el costumbrismo, el exotismo
o couleur locale, el cuidado de los
detalles en las descripciones tienen
un papel muy importante en las dos
obras , deberíamos considerarlos
como algo adicional, como telón de
fondo, o factores complementarios
de los cuales deben separarse la actuación
humana. En ambas novelas,
si se separa la presencia, la obra del
individuo del medio en que actúan,
serían dos obras sin mayor sentido,
sin especial interés No merecerían el
prestigio que han logrado en la historia
de las letras.
En las dos obras, sus autores
ofrecen esta presencia dulce, llena de
belleza y de paz de la Religión, de
la caridad cristiana, del amor y de la
bondad hacia los salvajes incultos de
los Padres Aubry y José Domingo.
Los dos igualmente buenos, llenos de
compasión frente a las penas humanas,
comprensivos, hasta se parecen
físicamente. “Sa taille était élevée, sa
figure pâle et maigre, sa physionomie
simple et sincère. Il n´avait pas
les traits morts et effacés de l´homme
né sans passions, on voyait que ses
jours avaient été mauvais, et les rides
de son front montraient les belles
cicatrices des passions guéries par la
vertu et par l´amour de Dieu et des
hommes. Quand il nous parlait debout
et immobile, sa longue barbe,
ses yeux modestement baissés, le
son affectueux de sa voix, tout en
lui avait quelque chose de calme et
de sublime ». He aquí como Chactas
describe el Padre Aubry y es el retrato
mismo del Padre Domingo, en
Cumandá.
Podría citar otros ejemplos de
las semejanzas entre Chateaubriand
y Juan León Mera. Así, el entierro
de Cumandá, para comprobar hasta
qué punto se asemeja a los Funérailles
d´Atala. Si es preciso concluir,
al comparar Chateaubriand y León
Mera no se trata de saber cual de las
dos novelas es superior. Lo importante
es comprobar la influencia indiscutible
de Chateaubriand en Juan
León Mera; al mismo tiempo que rechazar
totalmente la idea de plagio y
reconocer con Valera que:
“Cumandá es mil veces más
real, más imitada de la naturaleza,
más producto de la observación y
del conocimiento de los bosques, de
los indígenas, y de la vida primitiva,
196
A. Darío Lara
que casi todos los poemas, leyendas,
cuentos y novelas, que sobre asunto
semejante se han escrito. Cumandá
es una joya literaria, que tal vez
será popularísima cuando pase esta
moda del naturalismo, contra la cual
moda peca la heroína, aunque no pecan,
sino que están muy conformes
los demás personajes”.5 Sería largo añadir otras opiniones
y encomios de escritores no
menos célebres, españoles e hispanoamericanos,
que han elogiado la
obra de Juan León Mera y, en especial,
su novela Cumandá. ¿Por qué,
entonces, las duras y, a veces, injustas
críticas, a mi parecer de que ha
sido objeto esta novela de parte de
algunos escritores ecuatorianos? Citaré
después a cuatro escritores muy
conocidos. No si antes exponer algunos
juicios acerca de la conducta
de ciertos autores, de algunos países.
Se observa en algunos críticos
modernos cierta tendencia, o manía,
que les orienta a una especie de inculpación
o requisitorio que, en algunos
casos, traspasa los límites de
lo puramente histórico o literario,
a veces bajo pretextos de “deber
de memoria”,(que en algunos casos
históricos puede ser legítimo), para
convertirse en un proceso de responsabilidad,
en sentido ascendente.
Hay quienes califican esta tendencia
de totalitaria. En efecto, no se puede
confundir la Historia con el resentimiento
ni con la propaganda y, por
difícil que sea mantener cierta imparcialidad,
no se puede transferir,
traspasar a tal época, una problemática
de nuestra época... de otra
época.Con este juego intelectual, se
podría ridiculizar a cualquier autor,
desde Homero al Dante y de Racine
a Cervantes...Ningún autor, ninguna
escuela histórica o literaria podrían
resistir a esta especie de dislocación
o colaje de citaciones, de tal desplazamiento
que modifica sustancialmente
o que dislocada del campo
histórico se vuelve simplemente grotesco
y nada científico.
La idea malsana o errada que
inspira tales requisitorios es que
en el momento en que pensamos,
escribimos, suponemos poseer la
verdad absoluta; creemos acceder
a un punto sublime del que se descubre
el pasado como inmóvil en
sus sombras y sus luces...Pretensión
totalmente intelectual y muy marxista,
por otra parte, que algunos
autores proclaman, en el caso, por
ejemplo, de quienes hoy analizan los
años de post-guerra. Cuando conocemos
que hubo una ebullición de
ideas, de luchas y compromisos, de
declaraciones... ¿Cómo pretender resumir
aquella época en frases como
5 Cartas Americanas – La poesía y la novela en el Ecuador – Al Señor D. Juan León Mera-Madrid 8 Julio
1889.- (Obras Completas; Tomo XLII);
AFESE 50 197
Juan León Mera y la novela Cumandá
ésta?: “...En aquellos cortos años
después de 1945, todo va a jugarse
en capillas irrisorias de intelectuales”.
Desde luego, ¿cómo calificar
de irrisorias a esas capillas a las que
se quiere probar que han dominado
dicha época y hasta estos días? Por
otra parte, no es cierto que todo se
haya jugado entonces. Lejos de eso.
Pero, dejando algo que parecerá
abstracto o relativo a problemas extraños,
vengamos a cosas del Ecuador.
Más de una vez me ha sido dado
oír o leer criterios que justamente
prueban lo que he enunciado antes.
Me refiero al caso de valiosos representantes
del siglo XIX: Juan León
Mera, como a Bello, como Olmedo,
algo menos a Espejo, a quienes se ha
pretendido desconocer sus méritos o
su importancia en nuestra historia literaria,
como en el caso de la novela
Cumandá; obras y autores del siglos
pasados que se pretende juzgar con
criterios de nuestra época.
Desde luego, he de recordar que
en los últimos años un importante
trabajo se ha publicado y tiende
a hacer justicia a Juan León Mera.
Me refiero a la obra Cumandá
1869-1979, CONTRIBUCIÓN A
UN CENTENARIO6
. En esta obra
se ofrecen valiosos trabajos de un
distinguido grupo de jóvenes intelectuales
con monografías muy interesantes
acerca de algunos aspectos
de la novela Cumandá. Las páginas
de Sonia Flores Yépez, Peculiaridades
del Romanticismo en la novela
Cumandá (pág.57-77); de Alberto
Rengifo Achig, Cumandá y Atala,
un análisis comparativo de motivos
(págs79-101); de María de Lubensky,
Esclarecimiento de un problema:
Cumandá y Atala (págs.103-118),
ensayo que, en particular, me han
interesado y están en la línea que
pretendó ofrecer en este estudio.
Mencionaré a continuación breves
pasajes de cuatro autores nacionales
que se expresan sobre la novela de
León Mera:
Angel Felicísimo Rojas escribe:
“CUMANDÁ, una de las obras
más importantes del romanticismo
latinoamericano, es la primera novela
con voluntad de ser novela y
con ganas de ser ecuatoriana...esas
descripciones de la selva parecen
convencionales. Quien las ha escrito
no conoce la naturaleza tropical. El
ambiente es demasiado plácido. Es
la falsificación de una falsificación.
Chateaubriand anda por ahí...”
Benjamín Carrión:
“CUMANDÁ no puede servir
de antecedene, mucho menos de
modelo, a la nueva actitud estética
de los escritores de los años treinta;
simplemente, dejó fundado el gé-
nero... CUMANDÁ hace entonces
dentro del panorama novelistico del
6 CUMANDA 1.879-1.989 Contribución a un Centenario; (Ediciones de la Universidad Católica. Quito, 1979);
198
A. Darío Lara
Ecuador,el papel de un paradigma al
revés: para hacer novela ecuatoriana
hoy, hay que alejarse cada vez
más de CUMANDÁ...”
Agustín Cueva, por su parte
escribe:
“ Sea como fuere, aceptar o rechazar
CUMANDÁ constituye en el
Ecuador una toma de posición ideológica:
esa obra es una apología del
cristianismo, de un cristianismo que
se nos presenta decidido a borrar su
pasado feudal, escribiendo una nueva
Historia, de expiación y de bondad,
en un escenario virgen...”
Jorge Enrique Adoum escribe:
“Más aún: al situar la acción de
CUMANDÁ en la selva, Mera da
muestras no solamente de la predilección
del romanticismo por los escenarios
exóticos, sino de una gran
habilidad para desplazar la verdadera
ubicación geográfica del problema
indígena. Las tribus del oriente ecuatoriano
no están sujetas a servidumbre,
no tienen propietario ni amo y
viven dentro de su propio sistema.
En cambio, el indio de la serranía es
animal de trabajo y de carga, sometido
a un régimen semifeudal de explotación
de la tierra... Mera crítico,
académico, conservador, católico,
autor de lo que él mismo llamó Novelitas
ecuatorianas y de poemas y
versos como los del Himno Nacional
ecuatorianos era además proprietario
agrícola y tenía indios a su servicio,
ellos sí, evangelizados. Sobre eso
no había que llamar la atención del
mundo civilizado ni de los gobiernos
atentos sólo al movimiento social y
político...”
Luego de opiniones tan poco estrictas
y más bien negativas para dar
una idea acerca de la novela y la personalidad
de León Mera, de su valor
literario, qué diferentes las apreciaciones
de los Españoles ya mencionados,
Pedro Antonio de Alarcón,
Juan Valera, a las que podría añadir,
José María de Pereda. Y para citar
autores Ecuatorianos podría ofrecer
aquí las opiniones muy elogiosas de
escritores como Gonzalo Zaldumbide,
Jorge Carrera Andrade, quienes
han escrito páginas admirables sobre
el ilustre ambateño. No omitiré de
mencionar unas líneas de otro ilustre
compatriota, Julio Tobar Donoso.
De su breve estudio sobre Juan León
Mera, publicado en Cronistas de la
Independencia y de la Républica,
leamos estas líneas que servirán para
desvirtuar frases tan antihistóricas
y caricaturales como las que escribe
Jorge Enrique Adoum.
“Desde muy joven, he mirado
a Mera como maestro y guía
esclarecido...A través de los años,
y por encima del sepulcro, es placentero
darse la mano con los varones
que han luchado por la cultura
nacional y espiritual de los pueblos
y rendirles pleito homenaje de glo-
AFESE 50 199
Juan León Mera y la novela Cumandá
ria...Si en lo político hizo Mera sus
pimeras armas en 1861, revelándose
hombre de pensamiento y de lucha,
en lo literario alcanzó aquel mismo
año magnífico triunfo, que vino a
consolidar y extender su ya merecida
fama de poeta. Nos referimos
a la aparición de La Virgen del Sol
que, después de paciente revisión de
su noble e insigne amigo don Julio
Zaldumbide, vio la luz en los mismos
días en que estaba reunida la
Asamblea. Algunos años duró la
elaboración de la sugestiva Leyenda:
la Inspiración había sido escrita
en 1954, en el pueblo de Baños, gigantesca
rotura de la Cordillera, por
donde los ríos interandinos se precipitan
en el Oriente, abriendo a éste
puerta natural. ¿Qué musa verdadera
no despertará fascinada por el
estupendo panorama de esa porción
de nuestra tierra...? Con esa obra y
con Melodías Indígenas, compuesta
en 1860, ratificó Mera su voluntad
de dar color nacional, sabor de la
tierra a su labor literaria. Esta fue
una de las formas, no la menor, de
su ardiente y luminoso patriotismo...Pocos
escritores americanos,
prestan variedad tan peregrina de
géneros y materias, fruto de inteligencia
blanda y dúctil, de riqueza de
fantasía y sentimiento, de copiosas
lecturas y vastos estudios. Con razón,
pues, Julio Cejador y Frauca
afirma que Mera es el talento más
universal del Ecuador...”7
.
En páginas no menos luminosas,
Tobar Donoso, no deja de comentar
otras obras de León Mera,
además de las ya mencionadas en
que se refiere a “los motivos indianos”.
No extraña, pues, escribe que:
“el novelista brilló y se inmortalizó
con Cumandá, gracias a una prosa
que el inmenso Menéndez y Pelayo
calificó justamente de exquisita”. Y
en otro de sus estudios, Tobar Donoso
afirma:”Entre esos escritos
que merecen tal calificativo, ocupa
el primer lugar su Cumandá, escrita
en 1879. Nadie ha dudado de la
belleza de esa novela, la descriptiva
por excelencia del Ecuador, que
tiene encanto irresistible por la pintura
de las selvas y de los paisajes
del Oriente, civilizado por inmenso
número de misioneros ecuatorianos
y extranjeros, sobre todo alemanes.
Estaba de moda Chateaubriand; y,
sin duda, fue él quien modeló la pluma
de Mera, para obra tan genial,
fulgurante de hermosura...”
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